Michoacán se convertirá en el punto de partida de un programa piloto nacional enfocado en la producción sustentable de maíz, una estrategia que apuesta por el uso de bioinsumos elaborados con microorganismos benéficos y por la incorporación de prácticas agroecológicas para fortalecer la productividad del campo.
Uno de los pilares del proyecto es la consolidación de una red de biofábricas locales respaldada por un banco certificado de cepas que permanecerá bajo resguardo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo que permitirá garantizar la conservación del material biológico y su disponibilidad para futuras investigaciones y procesos de innovación.
El desarrollo de esta iniciativa fue posible mediante la colaboración entre la UNAM Campus Morelia, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y el Laboratorio Nacional de Innovación Ecotecnológica para la Sustentabilidad (LANIES), instituciones que integraron un cepario de microorganismos nativos con potencial para fortalecer el cultivo del maíz.
Como parte del trabajo científico se aislaron, purificaron y conservaron más de un centenar de microorganismos obtenidos en parcelas de maíz nativo ubicadas en la Meseta Purépecha, el Bajío y Tierra Caliente. Tras su análisis, fueron seleccionadas las cepas con mayor potencial para la elaboración de biofertilizantes y agentes de control biológico.
El proyecto contempla beneficios para más de 22 mil familias dedicadas a la producción agrícola y busca ampliar el uso de alternativas biológicas que contribuyan a reducir la dependencia de insumos convencionales, al tiempo que fortalecen la salud de los suelos y la productividad de los cultivos.
Como parte del fortalecimiento de la infraestructura, las primeras cepas madre fueron entregadas a biofábricas comunitarias establecidas en Cherán, San Juan Nuevo Parangaricutiro, Tupátaro, Jiménez, ILUVA de Apatzingán y El Olivo Viejo, en Nueva Italia, donde serán utilizadas para la producción de bioinsumos destinados al campo.
Con el respaldo de instituciones académicas y centros de investigación, la iniciativa busca consolidar un modelo de producción sustentable basado en el conocimiento científico y en el aprovechamiento de microorganismos nativos, colocando a Michoacán como un referente en innovación aplicada al cultivo del maíz.

