El papa León XIV llamó a los futuros sacerdotes a entender la formación en el seminario como una etapa de preparación espiritual y humana antes de salir al encuentro de comunidades que enfrentan pobreza, migración, soledad, desempleo y pérdida del sentido de la vida.
Durante una audiencia celebrada este jueves 3 de septiembre en la Sala Clementina, ante unos 150 seminaristas del Seminario Regional Pontificio Pugliese Pío XI de Molfetta y del Seminario Episcopal de Aversa, el pontífice afirmó que la formación sacerdotal implica “subir al monte” con Cristo para aprender a estar con él, lejos del ritmo acelerado y del ruido de la vida cotidiana.
León XIV rechazó que el seminario pueda considerarse una pausa innecesaria o una institución superada. Señaló que, precisamente porque la sociedad vive con prisa, se requiere un espacio para aprender a estar, discernir y dejarse formar sin atajos.
“Precisamente porque nuestro tiempo es rápido y ruidoso, hace falta un lugar y una etapa de la vida en la que se aprenda a estar, a discernir, a dejarse formar sin atajos”, sostuvo.
El Papa subrayó que el seminario no representa un aplazamiento de la misión sacerdotal, sino una condición para ejercerla. “El seminario no es un aplazamiento de la misión, sino que es su condición. No se lo subestime”, afirmó.
En su mensaje, León XIV también rechazó que el acceso al sacerdocio pueda entenderse como una competencia basada en méritos personales. “No hay un concurso, no hay una clasificación”, señaló, al sostener que la vocación responde a una elección libre de Dios y a un diálogo que debe cultivarse mediante el silencio y la oración.
Para explicar esta etapa, recurrió al pasaje evangélico en el que Jesús llama a los apóstoles a subir al monte. “El corazón de la experiencia del seminario está todo aquí: aprender a estar con el Maestro, el Señor Jesús”, expresó.
Sin embargo, advirtió que este camino no debe convertirse en un espacio de aislamiento. El objetivo, dijo, es bajar del monte para regresar a la vida cotidiana y atender las necesidades de las comunidades.
En ese proceso, destacó el papel de la fraternidad entre los seminaristas, particularmente ante los momentos de cansancio espiritual. “Ningún seminarista puede concebir un camino privado con el Señor”, afirmó, al señalar que la formación debe llevar a experimentar la mediación de la Iglesia.
El seminario, agregó, debe ser también una “escuela de los afectos”, mientras que los formadores deben ejercer su responsabilidad con “ciencia, paciencia y amor”, mediante relaciones personales y comunitarias.
La etapa formativa, planteó el pontífice, adquiere sentido cuando los futuros sacerdotes regresan a sus comunidades. “Seréis, pues, llamados a bajar del monte, para ser enviados a la gente de vuestras tierras”, dijo.
En ese regreso, ubicó como destinatarios de la misión sacerdotal a familias que enfrentan dificultades para salir adelante, jóvenes que a los 20 años deben emigrar en busca de trabajo, personas mayores que viven solas, personas marginadas y quienes han perdido el sentido de la existencia.
El sacerdote, sostuvo, debe desarrollar su labor precisamente en esa realidad social, con la finalidad de anunciar “la belleza de la fe en Jesucristo”.
Al final de su intervención, León XIV destacó la importancia de las familias en el surgimiento de las vocaciones sacerdotales y agradeció a los familiares de los seminaristas.
“Una vocación nunca nace sin un contexto adecuado y, a menudo, necesita un hogar, unos padres que rezan y que saben dejar ir”, afirmó.
El encuentro con los seminaristas de Molfetta se realizó con motivo del centenario de la nueva sede del seminario, impulsada por el papa Pío XI, mientras que los seminaristas de Aversa acudieron a Roma por el tricentenario de la apertura de su colegio eclesiástico.

