El papa León XIV dedicó su catequesis de este miércoles al significado del año litúrgico, dentro de su ciclo de reflexiones sobre los documentos del Concilio Vaticano II, y sostuvo que la sucesión anual de celebraciones cristianas no constituye una simple conmemoración del pasado, sino una forma de hacer presente la obra de salvación de Cristo.
Ante unos cinco mil fieles reunidos en la Basílica de San Pedro, el Pontífice explicó que el año litúrgico permite a la Iglesia mantener el contacto con la acción redentora de Cristo a lo largo de la historia y favorece la participación de los creyentes en ese misterio.
León XIV retomó planteamientos del papa Pío XII contenidos en la encíclica Mediator Dei, según los cuales el año litúrgico no debe entenderse como una representación del pasado, sino como una realidad en la que Cristo continúa su camino de misericordia dentro de la Iglesia.
“El año litúrgico debe entenderse como constante actualización de la obra de salvación que Cristo realiza en la historia”, afirmó.
El Papa explicó que el ciclo de celebraciones cristianas se fue conformando a lo largo de los siglos a partir de las prácticas de las primeras comunidades. La celebración semanal de la Pascua se remonta al siglo II; posteriormente se consolidaron la Pascua anual, Pentecostés, la Cuaresma y el ciclo de Navidad, además de las celebraciones dedicadas a la Virgen María, los mártires y otros santos.
El domingo, centro de la celebración
León XIV destacó el domingo como fundamento del año litúrgico y lo identificó como el “día del Señor”, retomando la enseñanza de San Juan Pablo II en la carta apostólica Dies Domini.
De acuerdo con el Pontífice, el domingo es también el día de la Iglesia y del ser humano, pero sobre todo “el día de los días”, porque representa la Pascua semanal.
En ese contexto, sostuvo que la celebración de la Eucaristía es indispensable para santificar el domingo, debido a que la escucha de la Palabra y la participación en el Cuerpo de Cristo permiten hacer visible la comunión de los creyentes.
El Papa subrayó, sin embargo, la necesidad de que esa participación sea accesible para quienes enfrentan restricciones laborales y “no tienen la posibilidad de ausentarse del trabajo”.
También estableció una diferencia entre la participación presencial y la virtual. Señaló que la asamblea litúrgica “no puede sustituirse por una presencia meramente virtual”, porque implica la participación activa de la comunidad reunida para dar gracias a Dios.
Para León XIV, la liturgia no debe reducirse a la presencia pasiva de los fieles, sino que supone una participación comunitaria en la celebración de la fe.
Una historia de celebraciones
Durante su catequesis, el Pontífice explicó que la incorporación progresiva de las distintas celebraciones al calendario cristiano refleja la evolución de la fe y la devoción de la Iglesia.
La Pascua ocupó inicialmente el centro de esta estructura, seguida por otras celebraciones que fueron configurando el ciclo litúrgico hasta llegar al esquema actual.
León XIV definió este proceso como una “pedagogía de la historia de la salvación”, mediante la cual los fieles recorren simbólicamente el camino que va desde la espera del Mesías hasta el misterio pascual y la expectativa de la gloria futura.
“El año litúrgico propone así, de forma sacramental, la pedagogía de la historia de la salvación”, afirmó.
El Pontífice concluyó que, mediante este ciclo, la Iglesia busca que los creyentes participen cada vez con mayor profundidad en el misterio de Cristo y reconozcan la actualidad de su obra de salvación.

