Ciudad del Vaticano.— El papa León XIV dedicó su catequesis de este miércoles 12 de agosto al significado del año litúrgico y su papel en la vida de los creyentes, al señalar que el ciclo de celebraciones cristianas permite actualizar en la historia la obra de salvación de Cristo y fortalecer la comunión de los fieles con la Iglesia.
Ante unos cinco mil fieles reunidos en la Basílica de San Pedro, el Pontífice retomó su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II y centró su reflexión en el quinto capítulo de la Constitución Sacrosanctum Concilium, dedicado al año litúrgico.
León XIV recordó que el término “año litúrgico”, utilizado para describir la sucesión anual de las celebraciones cristianas, se extendió en el lenguaje eclesial durante el siglo XIX por impulso del abad Prosper Guéranger y posteriormente fue desarrollado en distintos documentos del magisterio pontificio.
El Papa explicó que el año litúrgico no consiste en una representación del pasado, sino en una forma mediante la cual la Iglesia mantiene presente la obra de salvación de Cristo.
“El año litúrgico debe entenderse como constante actualización de la obra de salvación que Cristo realiza en la historia”, afirmó. Añadió que durante este ciclo la Iglesia permanece en contacto con la acción redentora de Cristo para que los fieles participen de la gracia de la salvación.
El domingo y la Eucaristía
León XIV señaló que el acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesús constituye el centro de las celebraciones cristianas. Por ello, explicó, los padres del Concilio Vaticano II colocaron el domingo como fundamento del año litúrgico.
Recordó que san Juan Pablo II, en la carta apostólica Dies Domini, definió el domingo como el día del Señor, de la Iglesia y del hombre, además de considerarlo “el día de los días” por ser la Pascua semanal.
En este contexto, el Pontífice afirmó que la celebración de la Eucaristía es necesaria para santificar el domingo, porque la escucha de la Palabra y la participación en el Cuerpo de Cristo expresan la comunión de la comunidad cristiana.
León XIV subrayó que esa participación debe ser accesible también para quienes no tienen posibilidad de ausentarse de sus trabajos y sostuvo que la celebración comunitaria no puede reducirse a una participación virtual o pasiva.
“La asamblea litúrgica se realiza, en efecto, en la participación activa de hermanos y hermanas”, señaló.
El Pontífice explicó que la reunión de los creyentes permite hacer visible la comunión con Cristo y expresar la pertenencia a la Iglesia.
Una historia de celebraciones
Durante la catequesis, León XIV repasó el desarrollo histórico del año litúrgico. Recordó que la celebración semanal de la Pascua se remonta al siglo II, seguida por la Pascua anual, considerada la principal solemnidad cristiana, y posteriormente por Pentecostés, la Cuaresma y el ciclo de Navidad.
También mencionó la incorporación progresiva de la veneración de la Virgen María, así como la memoria de los mártires y de otros santos.
El Papa sostuvo que este desarrollo muestra cómo la fe y la devoción de la Iglesia se han entrelazado a lo largo de la historia para configurar el calendario litúrgico.
“El año litúrgico propone así, de forma sacramental, la pedagogía de la historia de la salvación”, afirmó.
Según León XIV, ese recorrido conduce a los creyentes desde la espera del Mesías hasta la celebración del misterio pascual y la anticipación de la gloria futura.
Con esta reflexión, el Pontífice destacó que el año litúrgico no se limita a ordenar las celebraciones religiosas durante el calendario, sino que constituye para la Iglesia un medio para hacer presente el misterio de Cristo y favorecer la participación de los creyentes en su significado.

