La figura de Ulises y el relato de La Odisea, de Homero, han sido retomados por distintos pontífices como una referencia para reflexionar sobre el sentido de la existencia, la búsqueda de la verdad, el valor del viaje y la condición del ser humano como peregrino. Desde Benedicto XVI hasta el papa León XIV, las enseñanzas vinculadas a la epopeya griega han servido para abordar temas relacionados con la fe, la esperanza y el destino de la humanidad.
Uno de los puntos de partida de esta lectura se encuentra en la reflexión realizada por Benedicto XVI durante la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos de 2012, cuando explicó que el término «evangelium» ya aparece en la obra de Homero con el significado de anuncio de una victoria y de una buena noticia.
El pontífice recordó que el concepto también es retomado por el profeta Isaías como el anuncio de la alegría de Dios y de la certeza de que no abandona a su pueblo, estableciendo un vínculo entre la tradición clásica y el mensaje cristiano.
Las preguntas que recorren el viaje de Ulises —quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy— también fueron retomadas por san Juan Pablo II en la encíclica Fides et Ratio. El documento señala que esos interrogantes nacen del deseo permanente del ser humano por encontrar sentido a su existencia y orientan las decisiones fundamentales de la vida.
En esa misma línea, Pablo VI planteó en una audiencia general celebrada en 1966 que el recorrido de Ulises representa la inquietud humana por conocer el mundo y comprender la condición de las personas, al comparar esa búsqueda con la permanencia de Penélope en Ítaca.
La dimensión del viaje adquirió un significado especial en las intervenciones del papa Francisco, quien durante su visita apostólica a Grecia en 2021 utilizó la figura de Telémaco para explicar que la vida exige afrontar la incertidumbre y tomar decisiones.
El pontífice recordó que el hijo de Ulises decide abandonar la inmovilidad y emprender la búsqueda de su padre, convirtiéndose en símbolo de quienes enfrentan escenarios marcados por la incertidumbre.
Francisco afirmó que «el viaje por un mar tempestuoso, como enseña la gran epopeya homérica, suele ser el único camino», y añadió que «el sentido de la vida no reside en quedarse en la playa esperando a que el viento traiga novedades».
En ese contexto, relacionó la experiencia de Telémaco con la realidad de los migrantes que emprenden un camino en busca de un futuro distinto pese a los riesgos y dificultades.
El Pontífice también retomó otra de las escenas de La Odisea al referirse al momento en que Ulises contempla dos mares antes de regresar a su hogar, una imagen que utilizó para reflexionar sobre el encuentro entre las raíces del pasado y las expectativas del futuro.
La reflexión más reciente corresponde al papa León XIV, quien durante la audiencia general del 31 de diciembre de 2025 afirmó que «toda nuestra vida es un viaje», cuyo destino último se encuentra en el encuentro con Dios y en la comunión plena con Él.
Posteriormente, durante un viaje apostólico a España, el Pontífice sostuvo que todos los seres humanos son peregrinos y migrantes en camino hacia la patria celestial, al tiempo que llamó a hacer ese recorrido «más humano para todos» mediante la solidaridad y el compromiso con quienes enfrentan el desplazamiento y la incertidumbre.
Las referencias de los pontífices a la obra de Homero muestran cómo un texto clásico continúa siendo utilizado para interpretar cuestiones contemporáneas relacionadas con la identidad, la búsqueda del sentido de la vida, la migración, la esperanza y la responsabilidad de construir un camino común frente a los desafíos del mundo actual.

