La estructura internacional creada para limitar, reducir y vigilar las armas nucleares atraviesa su momento más frágil desde el fin de la Guerra Fría. La combinación de desconfianza entre potencias, posibles ensayos, tensiones geopolíticas y avances tecnológicos coloca al sistema multilateral de desarme en una situación de vulnerabilidad que expertos consideran cercana al colapso. Aun así, persisten mecanismos regionales y nuevas voces sociales que buscan sostener el diálogo y evitar una ruptura total.
En entrevista con Noticias ONU, la especialista Gaukhar Mukhatzhanova advirtió que la arquitectura de control de armas construida durante décadas mediante negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética —y posteriormente Rusia— se encuentra en proceso de desintegración. Señaló que el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), vigente desde 1970 y con 191 Estados parte, continúa siendo el único compromiso multilateral vinculante para impedir la expansión del armamento nuclear y promover el desarme, aunque enfrenta presiones crecientes.
Mukhatzhanova explicó que el retorno de la rivalidad entre grandes potencias ha erosionado los consensos básicos que permitieron la negociación del TNP. La ausencia de entendimiento entre actores centrales complica las conferencias de revisión y amenaza con nuevos bloqueos. Consideró que el desafío inmediato consiste en identificar áreas mínimas de acuerdo que permitan reafirmar los principios del tratado: evitar el uso de armas nucleares, frenar su proliferación y mantener una ruta hacia el desarme.
La experta también alertó sobre el impacto que tendría la reanudación de ensayos nucleares por parte de Estados Unidos, incluso si se tratara de pruebas subcríticas o de vuelo. Recordó que Washington había sostenido que ese tipo de ensayos contravenían el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT), por lo que un cambio de postura abriría interrogantes sobre su compromiso con el instrumento. Advirtió que una reactivación de pruebas a gran escala podría desencadenar respuestas similares de otros Estados y modificar de manera profunda el entorno estratégico.
Otro elemento de preocupación es la incorporación de tecnologías emergentes en los sistemas de armas. Mukhatzhanova destacó que los misiles hipersónicos, las plataformas autónomas y la inteligencia artificial están alterando la estabilidad estratégica al incentivar una nueva carrera armamentística. Subrayó que la integración de IA en sistemas de alerta temprana y toma de decisiones incrementa el riesgo de interpretaciones erróneas y escaladas involuntarias, por lo que insistió en la necesidad de mantener un control humano significativo sobre estas capacidades.
Pese al deterioro general, la especialista señaló avances relevantes como las zonas libres de armas nucleares en América Latina y el Caribe, el Pacífico Sur, el Sudeste Asiático, África y Asia Central. Estos acuerdos regionales, junto con el reconocimiento de Mongolia como Estado libre de armas nucleares y los debates sobre una zona similar en Oriente Medio, muestran que existen alternativas viables para concebir la seguridad sin armamento nuclear.
Mukhatzhanova identificó además tendencias que podrían abrir espacios para reconstruir el diálogo internacional. Recordó que la comunidad global ha enfrentado antes momentos de alta tensión y logró establecer medidas de confianza y control de armas. Destacó el creciente cuestionamiento de las nuevas generaciones al papel de las armas nucleares en la seguridad internacional y la mayor conciencia sobre los efectos humanitarios de su uso, incluso en escenarios limitados.
La especialista concluyó que esta comprensión más amplia del riesgo, sumada a la responsabilidad asumida por Estados no poseedores de armas nucleares, podría contribuir a reactivar los esfuerzos multilaterales y evitar que la arquitectura global de control de armas llegue a un punto irreversible.

