En la homilía dominical en la rectoría del Templo del Señor de la Columna, el padre Julio César Fajardo Aguilar articuló un mensaje centrado en la sed como experiencia humana y espiritual, pero lo hizo desde un enfoque que mezcló referencias bíblicas, críticas sociales y cuestionamientos directos a prácticas contemporáneas, incluida la movilización del 8M.
El sacerdote partió del relato de la samaritana para explicar la diferencia entre vivir la crisis desde la queja —como el pueblo de Israel en el desierto— o asumirla como un proceso de aprendizaje. “No es suficiente vivir la crisis; es necesario entrar en ella con actitud de crecer”, afirmó, aludiendo a la sed como metáfora de necesidad interior. En este punto, citó la escena bíblica donde Jesús revela a la mujer su historia personal: “Me ha dicho todo lo que he hecho”, frase que utilizó para subrayar que el encuentro con Dios implica reconocer la propia realidad sin ocultarla.
Uno de los momentos más disruptivos de la homilía ocurrió cuando el sacerdote vinculó el pasaje evangélico con el Día Internacional de la Mujer. Reconoció que existe una deuda histórica hacia las mujeres, incluso dentro de la Iglesia, pero cuestionó la orientación de ciertos sectores del movimiento feminista. Señaló que no ha visto —según su experiencia— que grupos de activistas acompañen a mujeres en situación de prostitución o a madres buscadoras, y contrastó esa ausencia con el trabajo que, dijo, realizan comunidades religiosas en refugios y acompañamiento. “Quien habla así de la Iglesia es porque no la conoce”, expresó.
El padre Fajardo también abordó la situación de mujeres que viven estigmatización social, retomando el hecho de que la samaritana acudía al pozo al mediodía para evitar ser vista. Desde ahí planteó que muchas personas cargan historias difíciles que no anulan su dignidad. Citó el simbolismo del “séptimo esposo” para explicar que, según la narrativa bíblica, Jesús representa la plenitud que la mujer no había encontrado en sus relaciones anteriores.
En otro tramo de la homilía, el sacerdote criticó la tendencia contemporánea a patologizar la vida cotidiana. Señaló que proliferan discursos que presentan a todas las personas como “enfermas” o necesitadas de sanación permanente, y advirtió sobre la influencia de corrientes terapéuticas y de autoayuda. Aun así, reconoció la importancia de trabajar la historia personal, pero sin reducir la identidad únicamente a heridas o carencias.
La parte final del mensaje se centró en la misión cristiana de convertirse en “manantial para otros”, es decir, en personas capaces de transmitir vida y alivio. Propuso un gesto simbólico para la semana: beber agua conscientemente y repetir la frase “Solo tú me puedes saciar”, como recordatorio de la búsqueda espiritual.
La homilía combinó elementos pastorales con posicionamientos sociales que abren discusión dentro y fuera de la comunidad religiosa. El uso de ejemplos cotidianos, referencias a la pandemia, críticas a la queja constante y comentarios sobre el 8M dieron al mensaje un tono directo y terrenal, que contrastó con la reflexión bíblica tradicional
En la homilía dominical en la rectoría del Templo del Señor de la Columna, el padre Julio César Fajardo Aguilar articuló un mensaje centrado en la sed como experiencia humana y espiritual, pero lo hizo desde un enfoque que mezcló referencias bíblicas, críticas sociales y cuestionamientos directos a prácticas contemporáneas, incluida la movilización del 8M.
El sacerdote partió del relato de la samaritana para explicar la diferencia entre vivir la crisis desde la queja —como el pueblo de Israel en el desierto— o asumirla como un proceso de aprendizaje. “No es suficiente vivir la crisis; es necesario entrar en ella con actitud de crecer”, afirmó, aludiendo a la sed como metáfora de necesidad interior. En este punto, citó la escena bíblica donde Jesús revela a la mujer su historia personal: “Me ha dicho todo lo que he hecho”, frase que utilizó para subrayar que el encuentro con Dios implica reconocer la propia realidad sin ocultarla.
Uno de los momentos más disruptivos de la homilía ocurrió cuando el sacerdote vinculó el pasaje evangélico con el Día Internacional de la Mujer. Reconoció que existe una deuda histórica hacia las mujeres, incluso dentro de la Iglesia, pero cuestionó la orientación de ciertos sectores del movimiento feminista. Señaló que no ha visto —según su experiencia— que grupos de activistas acompañen a mujeres en situación de prostitución o a madres buscadoras, y contrastó esa ausencia con el trabajo que, dijo, realizan comunidades religiosas en refugios y acompañamiento. “Quien habla así de la Iglesia es porque no la conoce”, expresó.
El padre Fajardo también abordó la situación de mujeres que viven estigmatización social, retomando el hecho de que la samaritana acudía al pozo al mediodía para evitar ser vista. Desde ahí planteó que muchas personas cargan historias difíciles que no anulan su dignidad. Citó el simbolismo del “séptimo esposo” para explicar que, según la narrativa bíblica, Jesús representa la plenitud que la mujer no había encontrado en sus relaciones anteriores.
En otro tramo de la homilía, el sacerdote criticó la tendencia contemporánea a patologizar la vida cotidiana. Señaló que proliferan discursos que presentan a todas las personas como “enfermas” o necesitadas de sanación permanente, y advirtió sobre la influencia de corrientes terapéuticas y de autoayuda. Aun así, reconoció la importancia de trabajar la historia personal, pero sin reducir la identidad únicamente a heridas o carencias.
La parte final del mensaje se centró en la misión cristiana de convertirse en “manantial para otros”, es decir, en personas capaces de transmitir vida y alivio. Propuso un gesto simbólico para la semana: beber agua conscientemente y repetir la frase “Solo tú me puedes saciar”, como recordatorio de la búsqueda espiritual.
La homilía combinó elementos pastorales con posicionamientos sociales que abren discusión dentro y fuera de la comunidad religiosa. El uso de ejemplos cotidianos, referencias a la pandemia, críticas a la queja constante y comentarios sobre el 8M dieron al mensaje un tono directo y terrenal, que contrastó con la reflexión bíblica tradicional

