En el marco del 121 aniversario de la fundación del Instituto de las Hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, el padre Julio César Fajardo Aguilar dirigió una homilía centrada en la unidad eclesial, la fidelidad al magisterio y la necesidad de un diálogo que busque la voluntad de Dios. Integrantes del Movimiento Secular Beato Padre Luis Variara estuvieron presentes en la celebración.
Durante su mensaje, el sacerdote retomó el pasaje del primer Concilio de Jerusalén para subrayar que, ante momentos de confusión, la comunidad cristiana debe acudir a la autoridad de la Iglesia. “Hoy tenemos que volver siempre a Pedro”, afirmó, al advertir sobre tensiones internas y escenarios de ruptura: “Hay peligro de cisma con Alemania… con los tradicionalistas… es posible que haya un cisma”.
Fajardo destacó que la Iglesia es quien orienta en situaciones de incertidumbre, tal como ocurrió en los orígenes del cristianismo. Recordó que la comunidad primitiva acudió a Pedro, Pablo y Santiago para resolver disputas sobre la circuncisión y la incorporación de los paganos. “No se rigen por ellos mismos… acuden a la autoridad que dejó el Señor”, señaló.
El sacerdote también advirtió sobre expresiones contemporáneas de ruptura eclesial. Relató su visita a Ciudad Hidalgo, donde identificó un templo operado por “padres cismáticos” que, según dijo, “dejaron la Iglesia y aquí abrieron su parroquia”. Calificó este hecho como un signo de la gravedad de la división: “Qué terrible la división”.
En su reflexión, subrayó que el diálogo dentro de la Iglesia no siempre es sereno, pero debe orientarse a discernir la voluntad divina. “El diálogo que propone un concilio no es ver quién gana… es ver qué es lo que está pidiendo Dios”, expresó. Recordó incluso los desacuerdos entre Pedro y Pablo: “Pobre Pedrito, se lo sacudieron también”.
A las religiosas del instituto, el sacerdote les pidió renovar su misión desde esta perspectiva de comunión. Destacó su integración con la rectoría parroquial como un signo de pertenencia eclesial: “Ellas no son un chipote aislado… están insertas en una comunidad y eso les da mucha garantía”.
En la parte final de la homilía, Fajardo centró su mensaje en la alegría cristiana como fruto del amor y la obediencia al Evangelio. Retomó las palabras de Jesús: “Les digo esto para que mi alegría esté en ustedes y la alegría de ustedes sea plena”. Contrastó las alegrías pasajeras del mundo con la alegría que “no perece” y que “el mundo no puede arrebatar”.
El sacerdote afirmó que esta alegría se manifiesta en la vida consagrada: “Es la alegría de la entrega, del servicio, del discipulado”. Añadió que no depende de bienes materiales ni de condiciones externas: “No traen un carrazo… no tienen una casa lujosa… pero tienen la alegría”.
Finalmente, invitó a la comunidad a pedir tres dones: fidelidad a la Iglesia, diálogo orientado a la voluntad de Dios y una alegría plena que brote del amor de Cristo. “Que escuchemos a Pedro… que dialoguemos para buscar tu voluntad… que la alegría que habita en nuestro corazón sea la que brota de tu amor”, concluyó.

