Con un llamado a fortalecer la vida espiritual, la formación y el acompañamiento de quienes realizan tareas de evangelización en redes sociales, concluyó la sexta edición del Festival Hechos 29, encuentro que reunió en Costa Rica a misioneros digitales de distintos países para analizar los retos de la presencia de la Iglesia en el entorno digital.
Durante las últimas jornadas, las reflexiones se centraron en los riesgos que enfrentan quienes comunican contenidos religiosos en redes, entre ellos la búsqueda de reconocimiento, la comparación, el protagonismo y la construcción de personajes digitales.
En la charla “Más discípulo que influencer”, el padre Pablo Savoia advirtió sobre tres riesgos frecuentes en la misión digital: la búsqueda de aprobación, la comparación con otros creadores y la creación de un personaje para las redes sociales.
Como alternativa planteó “permanecer”, entendido como cultivar una vida de discípulo, continuar aprendiendo de Jesús y acompañar también a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento.
“La fecundidad no es visibilidad”, afirmó.
Abel de Jesús, durante la conferencia “Pensar y orar antes de publicar”, sostuvo que la misión digital requiere formación, madurez en la fe, oración, reflexión y contemplación.
Advirtió que una fe sin formación puede convertirse en sentimentalismo o derivar en una forma de ideología cuando las opiniones personales son presentadas como si fueran enseñanzas de la Iglesia.
Por ello, llamó a los misioneros digitales a contrastar sus dudas y los contenidos que pretenden publicar con la Biblia, el Magisterio de la Iglesia y el conocimiento científico antes de comunicarlos.
Los evangelizadores también necesitan acompañamiento
Rebeca Barba cerró las reflexiones del encuentro con la charla “Sanación en la misión digital”, en la que planteó que quienes evangelizan también requieren acompañamiento y procesos para atender sus propias heridas.
La comparación, la búsqueda de reconocimiento, el vacío, la pérdida de intimidad con Dios y el protagonismo fueron señalados como factores que pueden afectar la misión.
Como vías de atención se plantearon la formación espiritual, el acompañamiento, la oración y el contacto con la verdad y la belleza.
Durante la Misa, monseñor Javier Gerardo Román, obispo de Limón y presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, sostuvo que la misión digital debe comenzar con la coherencia de vida y el encuentro con las personas.
El obispo señaló que evangelizar implica escuchar, conocer el lenguaje de quienes están al otro lado de la pantalla, dialogar, proponer y acompañar, sin confundir las herramientas digitales con el mensaje que se busca transmitir.
“El Evangelio necesita buenos comunicadores, pero necesita testigos”, afirmó.
Román también advirtió sobre contradicciones que pueden presentarse en la evangelización digital, como publicar contenidos sobre oración y rezar poco, hablar de misericordia mientras se responde con dureza o promover la comunión mientras se genera confrontación.
Ante ello, llamó a anteponer el discernimiento a la prisa, la sencillez a la superficialidad y la misericordia a la confrontación. También pidió fortalecer la formación bíblica, catequética y en el Magisterio de la Iglesia.
“No somos propietarios del Evangelio”, recordó.
El obispo pidió además que los misioneros no reduzcan su labor a números, perfiles o estadísticas y que tengan presente que detrás de cada pantalla existen personas con preguntas y experiencias concretas.
Advirtió sobre el riesgo de que quienes pretenden comunicar a Cristo terminen comunicándose a sí mismos.
“Una cosa es ser influencer y otra formar discípulos”, señaló.
Y resumió el planteamiento con otra frase: “Quien habla de Dios necesita más de Dios”.
Unidad frente a la polarización digital
La unidad, la diversidad y el trabajo comunitario fueron abordados en el panel “Mira cómo se aman”, en el que misioneros digitales de Argentina, Brasil y Ecuador compartieron experiencias sobre la evangelización en redes y los riesgos de la polarización y el aislamiento.
Los participantes coincidieron en que, aunque buena parte de la misión digital se desarrolla de manera individual, no debe convertirse en una actividad aislada.
Plantearon que la unidad no implica uniformidad, sino la capacidad de reconocer diferencias y convertir los espacios digitales en lugares de acogida, diálogo y comunión.
El Festival Hechos 29 colocó así como uno de sus planteamientos centrales la necesidad de que la presencia de la Iglesia en redes se desarrolle mediante formación, espiritualidad y trabajo comunitario.
De las métricas al encuentro
El encuentro tuvo como eje la idea de que la misión digital constituye un nuevo capítulo de la misión de la Iglesia y requiere una presencia evangelizadora vinculada con la formación y la comunión eclesial.
El padre José Juan Montalvo, conocido como “Padre Borre”, sostuvo que Hechos 29 no pretende limitarse a un evento, sino funcionar como un espacio para “ser Iglesia”, en el que el encuentro entre las personas tenga la misma relevancia que las actividades del programa.
Por su parte, monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, explicó la evolución de la misión digital dentro de la Iglesia, desde las experiencias vinculadas con el camino sinodal hasta la participación de misioneros digitales en el Sínodo y el Jubileo de los Misioneros Digitales en Roma, con representantes de más de 71 países.
Ruiz destacó que, por primera vez, la misión digital fue incorporada de manera expresa en la síntesis del Sínodo, que incluyó un capítulo dedicado a esta realidad.
El Festival Hechos 29 planteó como cambio de perspectiva pasar “del alcance al encuentro”: dejar de medir la misión únicamente por el número de personas que reciben una publicación y preguntarse con cuántas personas se logró establecer un encuentro.
Para alcanzar ese objetivo, el festival estableció cuatro pilares: espiritualidad, formación, trabajo en red y comunión con la Iglesia.
La sexta edición concluyó con el planteamiento de que la evangelización digital no debe reducirse a la generación de contenidos o al crecimiento de audiencias, sino partir de la formación y transformación de quienes comunican, así como de la capacidad de generar vínculos y acompañar a las personas en el entorno digital.

