Europa enfrenta una ola de calor sin precedentes para el mes de junio, con temperaturas récord en Francia, España y el Reino Unido, mientras organismos de Naciones Unidas alertaron que el fenómeno refleja el impacto de la crisis climática y anticiparon que sus efectos sobre la salud, la economía, la agricultura y las infraestructuras continuarán intensificándose.
El secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, Simon Stiell, afirmó que el episodio extremo lleva la huella del cambio climático impulsado por la quema de combustibles fósiles y lanzó una advertencia sobre la magnitud del problema. «Escuelas que cierran, personas vulnerables que mueren, economías que sudan: así es como se ve la crisis climática en la práctica, y esto apenas comienza», señaló.
Francia registró el 24 de junio el día más caluroso desde que existen mediciones, con una temperatura media nacional de 30 grados Celsius. En la localidad de Pulluau, al oeste del país, el termómetro alcanzó los 43.8 grados, la cifra más alta reportada durante este episodio.
España también rompió sus registros históricos para junio durante los días 23 y 24, al superar los 40 grados en distintos puntos del territorio. En el Reino Unido, las autoridades activaron una alerta roja por calor extremo luego de que en Gosport, al sur de Inglaterra, se registraran provisionalmente 36.1 grados, un nuevo máximo para este mes.
La ola de calor se extiende desde Portugal y España hasta Alemania, Italia, los Balcanes y Grecia. De acuerdo con los pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno avanzará hacia el sureste de Europa durante las próximas dos semanas.
El centro regional de vigilancia climática de la OMM prevé temperaturas entre tres y diez grados por encima del promedio semanal en varias regiones del continente. En numerosas zonas se esperan máximas superiores a los 35 grados y noches con temperaturas por encima de los 20 grados, conocidas como noches tropicales, una condición que incrementa los riesgos para la salud.
Armel Castellan, asesor técnico de servicios de calor extremo de la oficina conjunta de la OMM y la Organización Mundial de la Salud, explicó que el peligro no depende únicamente de las temperaturas máximas durante el día, sino de la incapacidad del organismo para recuperarse cuando el calor persiste durante la noche.
«Una jornada que alcanza los 38 grados pero baja a 18 grados por la noche es muy distinta de otra que llega a 36 grados y se mantiene por encima de los 25 grados hasta el amanecer. El segundo escenario conlleva un riesgo mucho mayor para la salud», indicó.
Los organismos internacionales señalaron que las personas mayores, los niños, las mujeres embarazadas, quienes trabajan al aire libre, las personas sin hogar y quienes padecen enfermedades crónicas enfrentan una mayor exposición, aunque precisaron que el calor prolongado puede afectar a toda la población.
Además del impacto sanitario, la OMM advirtió que las altas temperaturas incrementan el riesgo de incendios forestales, estrés térmico, daños en cultivos, afectaciones a infraestructuras, alteraciones en los ecosistemas y pérdidas económicas, además de favorecer la formación de tormentas intensas y granizadas en algunas regiones.
Durante la Semana de Acción Climática de Londres, el secretario general de la ONU, António Guterres, recordó que el planeta acaba de completar los once años más calurosos desde que existen registros y advirtió que los desastres asociados al clima son cada vez más frecuentes, destructivos y costosos.
Ante este escenario, la ONU insistió en acelerar la transición hacia fuentes de energía renovable, fortalecer la protección de los bosques y aumentar las inversiones destinadas a la adaptación climática. Simon Stiell sostuvo que mientras continúe la quema masiva de carbón, petróleo y gas, el calor extremo, las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y otros fenómenos asociados al cambio climático seguirán agravándose.

