En el templo del Señor de la Columna, el padre Bobby Krugger ofreció una homilía centrada en la disposición interior del creyente y en la diferencia entre quienes orientan su vida hacia la voluntad de Dios y quienes utilizan los espacios sagrados para fines personales. El mensaje fue pronunciado antes de su partida a Chicago.
El sacerdote inició su reflexión con la lectura sobre la oración de Salomón al consagrar el templo, destacando la actitud de apertura y servicio que, según el pasaje, el rey manifiesta al poner su vida y sus bienes al servicio de Dios. Señaló que este gesto representa un corazón dispuesto a la voluntad divina.
En contraste, mencionó el comportamiento de fariseos y escribas, quienes, de acuerdo con el relato bíblico, utilizaban el templo y la ley para intereses propios. Krugger subrayó que ambas actitudes conviven en el ser humano y que la tentación de orientar la fe hacia beneficios personales es una posibilidad constante.
El sacerdote recordó que incluso figuras bíblicas como Salomón enfrentaron dificultades posteriores, lo que, dijo, evidencia que la apertura espiritual requiere un esfuerzo continuo. En este contexto, retomó la historia de Santa Escolástica y San Benito, relatada en la liturgia de las horas, como ejemplo de un corazón orientado hacia la búsqueda de lo divino. Describió el encuentro entre ambos, en el que la oración de Escolástica habría provocado una tormenta que impidió a su hermano retirarse, permitiendo prolongar su conversación espiritual.
Krugger señaló que este tipo de disposición interior es un modelo para quienes participan en la vida religiosa, ya sea como sacerdotes, consagrados o laicos comprometidos. Indicó que la práctica cotidiana de la fe puede caer en rutinas humanas si no se mantiene una actitud de apertura y discernimiento.
El sacerdote concluyó que la invitación central de la homilía es cultivar un corazón orientado hacia Dios, capaz de purificar la vida espiritual y de sostener un encuentro constante con lo sagrado. Señaló que la lectura de Salomón y el contraste con los fariseos permiten reflexionar sobre las motivaciones personales y sobre la necesidad de mantener una disposición auténtica en la práctica religiosa.

