Durante la Audiencia General en la Sala Pablo VI, el Papa León XIV articuló un mensaje centrado en la unidad europea, la atención a los enfermos y la solidaridad internacional. En su saludo a peregrinos polacos, el Pontífice evocó la figura de los santos Cirilo y Metodio, cuya festividad se celebra el 14 de febrero, y los describió como referentes históricos para los pueblos eslavos. Recordó que, según san Juan Pablo II, su legado puede servir para “construir una nueva unidad en el continente europeo, superando tensiones, divisiones y antagonismos, tanto religiosos como políticos”.
El llamado coincidió con la Jornada Mundial del Enfermo. A su llegada al Aula Pablo VI, el Papa encendió una vela ante la imagen de la Virgen de Lourdes, gesto que reiterará al finalizar la audiencia en la Gruta de Lourdes, en los Jardines Vaticanos. Explicó que este acto simboliza su oración por quienes atraviesan enfermedad y por sus familias, a quienes encomendó especialmente en esta fecha.
En su mensaje a los fieles de lengua española, León XIV destacó que la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo se celebra este año en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz en Chiclayo, Perú, y anunció el envío del cardenal Michael Czerny como representante del Vaticano. Además, dirigió un llamado urgente a la solidaridad con Colombia, país afectado por severas inundaciones, e instó a apoyar a las familias damnificadas mediante acciones comunitarias y acompañamiento espiritual.
El Pontífice también dedicó palabras a jóvenes, enfermos y recién casados, a quienes encomendó a la intercesión de la Virgen de Lourdes. En su catequesis, continuó la reflexión sobre la Constitución conciliar Dei Verbum, subrayando que la Palabra de Dios ofrece verdad en medio de un entorno saturado de mensajes vacíos.
Finalmente, recordó que el próximo miércoles inicia la Cuaresma, periodo que definió como un tiempo para profundizar en la oración, el ayuno y la limosna, con el propósito de examinar la vida personal y recentrar la mirada en Cristo. Señaló que estos días deben ser fuente de fortaleza para asumir el compromiso cotidiano de seguir el camino cristiano.
El mensaje del Papa combinó así un llamado a la cohesión continental, una exhortación a la solidaridad internacional y una invitación a vivir la Cuaresma como un ejercicio de renovación espiritual.

