El inicio de la Cuaresma quedó marcado por la procesión penitencial desde la iglesia de San Anselmo hasta la Basílica de Santa Sabina y por la Misa con la bendición e imposición de cenizas presidida por el Papa León XIV. En este marco, el Pontífice reiteró durante la audiencia general su invitación a colocar nuevamente el misterio de Dios en el centro de la vida cotidiana, con el fin de que la fe recupere impulso y el corazón no se disperse entre preocupaciones y distracciones.
El Papa dirigió mensajes específicos a los fieles de distintas lenguas, subrayando que la oración es el punto de partida del camino hacia la Pascua. A los peregrinos italianos los exhortó a vivir este tiempo litúrgico con un espíritu de oración que permita llegar renovados a la celebración del misterio pascual. Para los fieles de lengua alemana, destacó la importancia de acoger con un corazón abierto las gracias propias de este periodo.
En su saludo a los peregrinos de lengua inglesa, León XIV insistió en que la conversión del corazón es un don que permite responder mejor al amor de Dios y compartirlo con los demás. En español, el Pontífice añadió un matiz particular al recomendar un “ayuno de palabras”, recordando que los gestos y comentarios que hieren también deben ser evitados como parte del ejercicio cuaresmal.
A los fieles de lengua portuguesa les habló sobre la autenticidad de la conversión; a los peregrinos chinos los invitó a la oración; y a los polacos les pidió practicar obras de misericordia, evocando a santa Faustina Kowalska y el 95 aniversario de la primera aparición de Jesús Misericordioso. Señaló que la Cuaresma es un tiempo propicio para el encuentro con Cristo mediante el sacramento de la Penitencia y las obras de misericordia.
Con estos mensajes, el Papa León XIV delineó un itinerario espiritual que combina oración, conversión interior, moderación en el lenguaje y compromiso con el prójimo, elementos que, afirmó, preparan a la comunidad católica para vivir plenamente el camino hacia la Pascua.

