El océano, responsable de regular el clima, sostener la biodiversidad y respaldar una parte significativa de la economía mundial, enfrenta una combinación de amenazas derivadas de la actividad humana y del cambio climático que ponen en riesgo su capacidad para mantener el equilibrio ambiental del planeta y el bienestar de miles de millones de personas.
Así lo advierte la más reciente Evaluación Mundial de los Océanos, un estudio elaborado durante casi cinco años por alrededor de 550 especialistas de 86 países, quienes integraron una investigación de más de mil 600 páginas sobre el estado actual de los ecosistemas marinos y los desafíos que enfrenta el planeta para garantizar su conservación.
El informe señala que el océano cubre más del 70 por ciento de la superficie terrestre y constituye uno de los principales reguladores del sistema climático global. Su capacidad para absorber calor y gases de efecto invernadero ha permitido amortiguar parte de los efectos del calentamiento global. Sin embargo, los científicos advierten que esta función enfrenta límites cada vez más evidentes.
De acuerdo con la evaluación, el aumento del nivel del mar se ha acelerado en los últimos años. Mientras antes de 2015 el crecimiento se ubicaba en niveles de hasta 1.9 milímetros por año, para 2023 alcanzó 4.3 milímetros anuales debido al derretimiento de los casquetes polares y la expansión térmica del agua.
Los especialistas también documentaron que las temperaturas en el Ártico aumentan cuatro veces más rápido que el promedio mundial, mientras que las denominadas zonas hipóxicas o “zonas muertas”, donde el oxígeno es insuficiente para sostener la mayor parte de la vida marina, abarcan actualmente cerca de 4.5 millones de kilómetros cuadrados.
Uno de los datos que más preocupa a la comunidad científica es que el 16 por ciento de todo el calentamiento acumulado en los océanos desde 1955 ocurrió después de 2018, una señal de la velocidad con la que están cambiando las condiciones marinas.
La presión sobre los ecosistemas oceánicos también está vinculada al crecimiento de la población mundial y a la concentración de actividades económicas en las zonas costeras. En 2024, la población global alcanzó los 8 mil 200 millones de habitantes y el 37 por ciento de ellos vivía a menos de 100 kilómetros de una costa.
Este crecimiento ha impulsado la expansión de infraestructura, el aumento de la extracción de recursos naturales, la generación de residuos y la modificación de hábitats costeros. A ello se suma la expansión de actividades mar adentro, incluyendo parques eólicos, instalaciones petroleras, cables submarinos y redes de transporte energético.
La evaluación advierte que la biodiversidad marina muestra señales de deterioro en prácticamente todos los hábitats oceánicos. Los arrecifes coralinos del Caribe han registrado una disminución aproximada del 80 por ciento desde la década de 1970 y existe el riesgo de que hasta el 90 por ciento de los arrecifes de coral del mundo desaparezcan si la temperatura global supera en más de 1.5 grados centígrados los niveles previos a la industrialización.
Los manglares y las praderas marinas continúan reduciéndose, mientras que numerosas especies modifican sus áreas de distribución en busca de aguas más frías. Paralelamente, organismos no nativos encuentran condiciones favorables para expandirse hacia nuevos territorios.
La contaminación representa otro de los factores identificados como críticos. Cada año ingresan al océano alrededor de 52 millones de toneladas de residuos plásticos, contribuyendo a la acumulación de aproximadamente 24 billones de partículas de microplásticos.
Los investigadores sostienen que estas partículas ya afectan a más de 4 mil especies marinas. A ello se suma la presencia creciente de contaminantes químicos, incluidos más de 4 mil compuestos farmacéuticos y productos de cuidado personal detectados en aguas oceánicas.
El impacto también alcanza a los sistemas alimentarios globales. El océano aporta alrededor del 20 por ciento de la proteína animal consumida por la población mundial y sustenta millones de empleos relacionados con la pesca y la acuicultura.
No obstante, el informe revela que el 37 por ciento de las poblaciones pesqueras evaluadas en 2021 se encontraban sobreexplotadas. Además, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada extrae entre ocho y 14 millones de toneladas de recursos marinos cada año, generando ingresos ilícitos estimados entre 9 mil y 17 mil millones de dólares.
La acuicultura marina, cuya actividad económica alcanza los 90 mil millones de dólares, también enfrenta desafíos asociados a enfermedades, contaminación y alteraciones climáticas que comprometen su sostenibilidad.
En el ámbito económico, el estudio estima que la llamada economía oceánica genera alrededor de 1.5 billones de dólares anuales y podría superar los tres billones para 2030. El turismo costero y marino sostiene aproximadamente 174 millones de empleos en el mundo, mientras que el transporte marítimo moviliza más del 80 por ciento del comercio global.
Sin embargo, los autores sostienen que el crecimiento económico vinculado al océano aún enfrenta el desafío de transitar hacia modelos sostenibles que reduzcan impactos ambientales y garanticen la conservación de los ecosistemas.
La investigación también identifica deficiencias en la gobernanza internacional. Aunque existen 57 tratados globales relacionados con la protección marina, los especialistas consideran que el marco normativo opera de forma fragmentada, dificultando una respuesta coordinada frente a problemas que trascienden fronteras.
Asimismo, subrayan la necesidad de incorporar los conocimientos y prácticas de comunidades indígenas y poblaciones costeras en la toma de decisiones relacionadas con la gestión de los recursos marinos.
Otro de los desafíos es la falta de conocimiento científico sobre amplias regiones oceánicas. Hasta 2025, apenas el 27 por ciento del fondo marino había sido cartografiado, dejando sin explorar gran parte de los ecosistemas de aguas profundas y limitando la comprensión de los impactos acumulativos de la actividad humana.
Frente a este panorama, la Evaluación Mundial de los Océanos sostiene que existen alternativas para revertir parte del deterioro mediante la reducción de emisiones, la ampliación de áreas marinas protegidas y la implementación de soluciones basadas en la naturaleza.
No obstante, los expertos advierten que incluso una restauración completa de los ecosistemas marinos aportaría únicamente cerca del 2 por ciento de los objetivos globales de mitigación climática, por lo que consideran indispensable impulsar transformaciones estructurales en los modelos de producción y consumo.
La conclusión del informe es contundente: la próxima década será determinante para el futuro del océano. Sin una acción coordinada a escala mundial, el deterioro de los ecosistemas marinos continuará avanzando y con ello aumentarán los riesgos para la estabilidad climática, la biodiversidad, la seguridad alimentaria y los medios de vida de miles de millones de personas en todo el planeta.

