“¿Dónde está tu gloria en mi vida?”: la homilía del Señor de la Columna que confronta la fe, el dolor y la espera

by Enlace Noticias

En el Templo del Señor de la Columna, el padre Julio César Fajardo Aguilar dirigió una homilía centrada en el relato de Lázaro, en la que planteó cuestionamientos directos sobre la experiencia del sufrimiento, la percepción de la ausencia divina y el sentido profundo de la fe. Su mensaje, marcado por expresiones contundentes, buscó interpelar a la comunidad en un momento previo al triduo y a la fiesta del Señor de la Columna.

El sacerdote retomó los temas de los últimos domingos —la sed y el agua, la ceguera y la luz, la muerte y la vida— para señalar que estos pasajes preparan a la comunidad para comprender el significado de la Pascua. Desde ese marco, introdujo una de las preguntas centrales de su reflexión: “¿Por qué Dios tarda tanto a veces?”. A partir del reclamo de Marta y María —“Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”— afirmó que esta frase expresa una conclusión difícil: la sensación de que Dios no estuvo presente.

Fajardo relató experiencias personales vividas durante la pandemia, incluyendo la enfermedad y muerte de un familiar, para mostrar que incluso quienes ejercen el ministerio enfrentan momentos de cuestionamiento. Recordó el mensaje que recibió de un sacerdote cercano: “Solo Dios sabe por qué lo están permitiendo”, frase que utilizó para subrayar que la fe se confronta con la incertidumbre y con la espera.

El sacerdote afirmó que el criterio divino no es la rapidez ni la solución inmediata, sino “lo que más glorifica a Dios”. Señaló que en ocasiones la enfermedad, la crisis o la pérdida se convierten en espacios donde se manifiesta la fe y donde la persona debe responder a la pregunta que Jesús dirige a Marta: “¿Crees tú esto?”. Añadió que la respuesta —“Sí, Señor, sí lo creo”— muestra que la fe se expresa en medio de la crisis y no solo en tiempos de estabilidad.

En la parte final de su mensaje, Fajardo desarrolló la metáfora del sepulcro como un estado espiritual. Advirtió sobre el riesgo de permanecer en “lugares de oscuridad, frialdad y encierro”, donde el mal inmoviliza y ata. Afirmó que la salida de ese estado no depende de la fuerza personal, sino de la voz de Jesús: “Lo que nos libera del sepulcro es la voz del pastor”. Señaló que hay personas que, aun en vida, viven “como sepultadas”, atrapadas en la tristeza, la inconformidad o la inmovilidad.

El sacerdote concluyó que el relato de Lázaro es un anuncio de lo que la comunidad celebrará en los próximos días y una invitación a preguntarse: “En esto de mi vida, ¿dónde está tu gloria?”. Subrayó que, según la fe cristiana, Dios actúa incluso en los momentos más difíciles y que la resurrección es el horizonte que da sentido a la celebración pascual.

La homilía, articulada con ejemplos personales y cuestionamientos directos, buscó provocar una reflexión sobre la relación entre el dolor, la espera y la fe, en un contexto en el que la comunidad se prepara para los días centrales de la liturgia.

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