Mientras que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) identificó seis playas de Michoacán como no aptas para uso recreativo durante el reciente monitoreo prevacacional, autoridades locales han emitido declaraciones contradictorias asegurando la limpieza y seguridad sanitaria de las mismas. La diferencia en los diagnósticos abre el debate sobre la interpretación técnica de los datos y la gestión del riesgo en destinos turísticos costeros.
Entre el 23 de junio y el 2 de julio de 2025, COFEPRIS, en colaboración con la Red Nacional de Laboratorios de Salud Pública, recopiló 2,355 muestras de agua en 289 playas del país. De éstas, 273 fueron clasificadas como aptas. Sin embargo, seis playas del estado de Michoacán —Nexpa (Aquila), Boca de Apiza (Coahuayana), Jardín/Eréndira, Las Peñas, Chuquiapan y Caleta de Campos (Lázaro Cárdenas)— excedieron los niveles permitidos de enterococos, según los rangos establecidos por las normas sanitarias.
Las cifras más altas se registraron en Nexpa, con 3,523 y 3,785 NMP/100 mL; Caleta de Campos, con 1,643 NMP/100 mL; y Boca de Apiza, con 857 NMP/100 mL. En contraste, autoridades locales han asegurado que las playas están en “condiciones óptimas”, sin precisar cifras recientes ni aclarar si se realizaron monitoreos paralelos o posteriores.
COFEPRIS basa su clasificación en criterios bacteriológicos definidos por organismos internacionales y mexicanos, centrados en la presencia de enterococos como indicador de contaminación fecal. Una playa se considera no apta cuando se supera el umbral de 200 NMP/100 mL en muestras repetidas. Las autoridades locales han señalado condiciones “visualmente limpias” y esfuerzos recientes en saneamiento, sin divulgar comparativos de muestreo ni criterios microbiológicos.
Las discrepancias no son nuevas en temporadas vacacionales. La tensión entre los reportes técnicos federales y las declaraciones de promoción turística local se vuelve más evidente en periodos de alta afluencia, cuando el interés económico por atraer visitantes puede entrar en conflicto con advertencias sanitarias. La infraestructura limitada en saneamiento, escorrentías pluviales, actividades comerciales informales y descargas de aguas residuales han sido señaladas por COFEPRIS como factores recurrentes de contaminación en zonas costeras.
La diferencia entre los datos técnicos federales y la narrativa local plantea un reto para la ciudadanía: decidir con base en información transparente y verificable. Ante este panorama, autoridades sanitarias recomiendan consultar los reportes públicos oficiales antes de acudir a playas, con el fin de minimizar riesgos de salud. La convergencia entre monitoreo riguroso y gestión turística responsable será clave para garantizar entornos seguros y confiables para los visitantes.

