El Dicasterio para la Doctrina de la Fe constituye uno de los organismos centrales de la Santa Sede al ser el encargado de preservar la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral, además de asistir al Papa y a los obispos en la defensa del depósito de la fe transmitido por Jesucristo a los Apóstoles.
Aunque durante décadas fue conocido como la Congregación para la Doctrina de la Fe, el organismo adoptó oficialmente su denominación actual con la entrada en vigor de la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, promulgada por el papa Francisco el 19 de marzo de 2022 como parte de la reforma de la Curia Romana. La modificación mantuvo sus atribuciones, pero reorganizó su estructura y actualizó su funcionamiento.
De acuerdo con esa Constitución Apostólica, el Dicasterio tiene la misión de ayudar al Romano Pontífice y a los obispos a proclamar el Evangelio, promover la integridad de la doctrina católica y responder a los nuevos desafíos que plantean el desarrollo científico, la cultura y las transformaciones sociales. Para ello, impulsa la reflexión teológica, examina cuestiones relacionadas con la fe y la moral y emite orientaciones doctrinales dirigidas a la Iglesia universal.
Entre sus responsabilidades también se encuentra el análisis de escritos y enseñanzas que puedan generar confusión doctrinal, así como el conocimiento de determinados delitos canónicos reservados a la Santa Sede, especialmente aquellos relacionados con abusos contra menores o personas vulnerables y otros delitos contra la fe y los sacramentos.
El origen de este organismo se remonta al 21 de julio de 1542, cuando el papa Pablo III instituyó la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición mediante la bula Licet ab initio. A lo largo de los siglos evolucionó conforme a las reformas impulsadas por distintos pontífices: en 1908 pasó a denominarse Sagrada Congregación del Santo Oficio; en 1965, tras el Concilio Vaticano II, recibió el nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe; y en 2022 adoptó su denominación actual.
Tras la reforma promovida por el papa Francisco, el Dicasterio quedó organizado en dos grandes secciones. La Sección Doctrinal promueve el estudio de la doctrina católica, examina nuevas corrientes teológicas y revisa documentos relacionados con la fe y la moral. La Sección Disciplinar, por su parte, actúa como tribunal apostólico para conocer los delitos reservados al Dicasterio y aplicar las sanciones previstas por el derecho canónico cuando corresponde.
A esta estructura se suman tres organismos consultivos: la Comisión Bíblica Pontificia, la Comisión Teológica Internacional y la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, encargadas de asesorar a la Santa Sede en materias bíblicas, doctrinales y de protección de personas vulnerables.
Actualmente, el Dicasterio está presidido por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto desde septiembre de 2023, acompañado por monseñor Armando Matteo, secretario de la Sección Doctrinal, y monseñor John Joseph Kennedy, secretario de la Sección Disciplinar, además de un cuerpo de consultores especializados en teología, derecho canónico, filosofía y Sagrada Escritura.
El documento también recuerda una de las decisiones recientes del organismo: el decreto emitido el 2 de julio de 2026, mediante el cual declaró la excomunión de varios obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X por realizar consagraciones episcopales sin mandato pontificio, acto que el Dicasterio calificó como un cisma con las consecuencias previstas por el derecho canónico.
Durante la Asamblea Plenaria del Dicasterio celebrada en enero de 2026, el papa León XIV destacó que este organismo está llamado a servir a la evangelización ofreciendo orientaciones doctrinales y pastorales que permitan responder a los desafíos de cada época.
«Su misión es ofrecer aclaraciones sobre la doctrina de la Iglesia, mediante indicaciones pastorales y teológicas acerca de cuestiones a menudo bastante delicadas», afirmó el Pontífice, quien añadió que su labor proporciona «una palabra inmediata y clara de la Iglesia» y representa un apoyo para obispos, teólogos y fieles en la comprensión del Evangelio frente a los desafíos contemporáneos.

