Desconfianza complica combate al ébola en Congo; OMS y Cruz Roja advierten que lo peor podría estar por venir

by Enlace Noticias

La epidemia de ébola que afecta a la República Democrática del Congo desde el pasado 15 de mayo ha dejado hasta ahora 808 casos y 192 muertes, pero las organizaciones internacionales involucradas en la respuesta sanitaria advierten que el principal desafío no es únicamente la propagación del virus, sino la desconfianza de sectores de la población hacia las autoridades y las medidas de control.

Durante una conferencia de prensa en Ginebra, el portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tarik Jasarevic, informó que se han registrado avances en la capacidad de detección de la cepa Bundibugyo, responsable del brote. Actualmente, el diagnóstico está disponible en seis puntos de la República Democrática del Congo y en cuatro laboratorios habilitados en Uganda, país que ha reportado casos importados desde territorio congoleño.

Pese a estos avances, la OMS reconoció que persisten áreas donde la vigilancia epidemiológica sigue siendo limitada. “Tenemos zonas oscuras donde recibimos pocas alertas. Puede que existan cadenas de transmisión que no se detecten. Todavía hay personas que pueden contaminar a otras, y debemos identificarlas”, señaló Jasarevic.

La preocupación de las autoridades sanitarias coincide con las advertencias de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR), cuyos responsables sostienen que la resistencia comunitaria está frenando la respuesta contra la enfermedad.

Desde Bunia, considerado el epicentro del brote, Bruno Michon, jefe de operaciones de la FICR, afirmó que parte de la población aún cuestiona la existencia misma del ébola. Según explicó, algunas personas consideran que la epidemia fue “inventada” para atraer ayuda internacional, mientras que otras perciben los protocolos de entierro seguro como una agresión contra las costumbres locales.

“El escepticismo, la duda y el miedo obstaculizan la respuesta”, sostuvo Michon al describir el ambiente que enfrentan los equipos humanitarios en las zonas afectadas.

De acuerdo con la FICR, el temor a la estigmatización provoca que algunas personas oculten síntomas o eviten acudir a centros de atención médica. También persisten prácticas funerarias tradicionales que incrementan el riesgo de contagio cuando las familias manipulan los cuerpos sin conocer los peligros asociados a la transmisión del virus.

Ante este escenario, los organismos internacionales han optado por adaptar parte de sus protocolos para responder a las preocupaciones comunitarias. Michon explicó que se comenzaron a utilizar bolsas mortuorias con una ventana transparente que permite a los familiares observar el rostro del fallecido antes del entierro, facilitando el proceso de duelo sin comprometer las medidas de bioseguridad.

Asimismo, relató que cuando algunas comunidades manifestaron temor de que el cloro utilizado en las labores de desinfección pudiera emplearse para envenenar a la población, los equipos optaron por mostrar públicamente la preparación de los desinfectantes en lugar de confrontar las creencias locales.

Para la FICR, la construcción de confianza se ha convertido en un componente central de la estrategia sanitaria. “Sin confianza, no podemos detectar los casos en una fase temprana. No podemos garantizar entierros seguros y dignos. Ni siquiera podemos proteger a las familias y no podemos frenar la transmisión”, afirmó Michon.

Las organizaciones humanitarias consideran que la evolución de la emergencia sigue siendo incierta. La limitada capacidad de diagnóstico en varias regiones dificulta establecer con precisión el alcance real de los contagios y anticipar el comportamiento de la enfermedad.

En ese contexto, la FICR advirtió que el brote podría extenderse durante un año más. “Creo que el pico no está detrás de nosotros, sino delante”, señaló Michon, quien insistió en que la falta de información completa sobre la propagación del virus mantiene abiertas múltiples interrogantes sobre la evolución de la crisis.

Con una tasa de letalidad cercana al 24 por ciento, las autoridades sanitarias congoleñas continúan ampliando las operaciones de vigilancia y respuesta en distintas provincias, mientras organismos internacionales coinciden en que la confianza social será un factor determinante para contener una epidemia cuyo desenlace aún permanece abierto.

Ver también