México se prepara para otro proceso electoral de enormes dimensiones. El próximo 6 de junio de 2027 se renovarán 500 diputaciones federales y, a nivel local, estarán en juego 17 gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos en buena parte del país.
Pero más allá del tamaño de la elección, hay otro factor que me parece particularmente relevante desde la comunicación: la cantidad de información a la que estaremos expuestos durante los próximos meses.
Vivimos en un ecosistema informativo completamente distinto al de hace apenas algunos procesos electorales. A los medios tradicionales y las ruedas de prensa se sumaron las redes sociales, los creadores de contenido, los algoritmos, las plataformas digitales y, ahora, la inteligencia artificial. Información institucional, propaganda, opiniones, noticias, contenidos generados por usuarios, información distorsionada y desinformación circulan prácticamente al mismo tiempo.
Durante muchos años, buena parte de la comunicación política se ha construido bajo una lógica relativamente sencilla: más spots, más espectaculares, más entrevistas, más ruedas de prensa, más publicaciones y mayor presencia. Sin embargo, en un ecosistema sobresaturado, comunicar más no necesariamente significa comunicar mejor.
Y ése me parece uno de los grandes retos rumbo a 2027.
Los partidos políticos tendrán que ser mucho más innovadores, no solamente en la manera de comunicar, sino en su capacidad para conectar con las personas. Porque probablemente una de las cosas que menos necesite la ciudadanía durante el próximo proceso electoral sea recibir cientos de veces el mismo mensaje presentado en diferentes formatos.
Necesitamos comenzar a hablar de atención, de confianza y, sobre todo, de escucha.
Hay otro elemento que tampoco podemos perder de vista: los partidos políticos no llegarán al proceso electoral desde cero. Llegarán con un capital reputacional construido durante los años anteriores.
La manera en que los gobiernos han comunicado sus resultados, cómo han enfrentado las crisis, qué tan congruentes han sido sus mensajes con la experiencia cotidiana de las personas y qué tan cerca o lejos se han mantenido de la ciudadanía también formará parte de la percepción con la que cada fuerza política llegará a 2027.
Las elecciones se disputan durante las campañas, pero la reputación con la que se llega a ellas se construye antes.
Precisamente por eso me llamó la atención una estrategia que comenzó esta semana en Querétaro, estado en el que vivo.
Del 1 al 13 de septiembre, el gobierno encabezado por Mauricio Kuri desarrollará la difusión de su Quinto Informe de Gobierno. Además de la entrega institucional correspondiente, integrantes de su administración recorrerán los 18 municipios para llevar los resultados directamente a hogares, negocios, colonias y comunidades.
Pero hay un componente de la estrategia que considero particularmente interesante: además de informar, el ejercicio contempla escuchar directamente las inquietudes de las personas.
Parece algo sencillo, pero desde la comunicación representa una diferencia importante.
Durante décadas nos acostumbramos a informes de gobierno construidos alrededor de grandes escenarios, pantallas, invitados especiales, funcionarios y una enorme producción institucional. Formatos que pueden cumplir perfectamente con su función protocolaria, pero a los que una buena parte de la ciudadanía difícilmente tiene acceso directo.
Salir al territorio cambia el modelo.
La comunicación deja de plantearse únicamente desde la lógica de un emisor que produce información para un receptor y abre la posibilidad de generar retroalimentación. Es decir, informar, pero también escuchar.
Y esta búsqueda de nuevos formatos no ocurre únicamente en Querétaro.
Michoacán, donde también se renovará la gubernatura en 2027, se encuentra a unos días de su Quinto Informe de Gobierno. Alfredo Ramírez Bedolla anunció que el acto formal de rendición de cuentas ante el Congreso del Estado se realizará el próximo 17 de septiembre. Pero antes llevará parte de este ejercicio al territorio mediante eventos públicos en diferentes regiones del estado, con actividades anunciadas en Uruapan, Zitácuaro y Zamora, además de contemplarse Morelia.
Es una estrategia distinta a la queretana, pero comparte un elemento interesante: sacar parte de la comunicación de resultados de un solo recinto y llevarla a diferentes puntos del territorio.
San Luis Potosí ofrece otro ejemplo. Ricardo Gallardo Cardona realizará su Quinto Informe mediante dos encuentros ciudadanos: el 21 de septiembre en la capital y el 23 en Rioverde, donde se ha anunciado un evento público y abierto para presentar resultados de los 59 municipios.
Tres estados que renovarán gubernatura en 2027 y tres ejercicios que vale la pena observar desde la comunicación.
No se trata de afirmar que un modelo sea necesariamente mejor que otro ni de confundir comunicación gubernamental con comunicación electoral. Son ámbitos que deben mantenerse claramente diferenciados, particularmente cuando nos aproximamos a un proceso electoral.
Lo interesante es observar cómo se están modificando las formas de comunicar.
La manera en que cada gobierno informe, escuche y se relacione con sus ciudadanos durante estos meses también formará parte del capital reputacional con el que las distintas fuerzas políticas llegarán al próximo proceso electoral.
A un año de una elección, la forma también comunica.
Conforme se acerque 2027, gobiernos, partidos, aspirantes, candidatos, medios de comunicación y ciudadanos comenzarán a producir cantidades extraordinarias de contenido. La inteligencia artificial hará todavía más sencilla y rápida esa producción.
El verdadero activo escaso ya no será la información.
Será la atención.
Y todavía por encima de la atención estará la confianza.
Por eso creo que los partidos políticos tendrán que hacerse una pregunta diferente. No solamente cómo conseguir más vistas, más publicaciones, más impactos o mayor presencia digital, sino cómo construir una comunicación que realmente conecte con una ciudadanía que lleva años recibiendo estímulos desde todas partes.
Y entonces aparece una pregunta todavía más importante:
¿Llegarán los partidos a 2027 intentando convencer a una ciudadanía a la que escucharon durante años, o intentando conocerla justo cuando necesiten su voto?
Quizá la innovación en comunicación política no consista en encontrar una nueva plataforma, contratar otra inteligencia artificial o producir más contenido.
Quizá, frente a una ciudadanía saturada de mensajes, la verdadera innovación sea volver a hacer algo profundamente humano: escuchar.
Karla González

