El béisbol canadiense vive un momento que no había sentido en décadas. El impulso que dejaron los Azulejos de Toronto tras llegar al Juego 7 de la Serie Mundial el año pasado encontró continuidad en el escenario internacional, donde la Selección de Canadá logró por primera vez en su historia avanzar de la fase de grupos del Clásico Mundial de Béisbol. La clasificación llegó con una victoria contundente sobre Cuba en el Estadio Hiram Bithorn de Puerto Rico, un triunfo que confirmó que el país ya no quiere ocupar un papel secundario en el diamante.
El derecho Cal Quantrill fue el protagonista del juego decisivo. Con 5.0 entradas de dos hits, una carrera inmerecida, cinco ponches y una base por bolas, sostuvo a un equipo que jugó con convicción. “Creo que éste es un gran momento para el béisbol en Canadá”, dijo el abridor, consciente de que su actuación puede resonar más allá del torneo. “Espero que esto sirva de inspiración para los jugadores jóvenes, sea la Costa Este, la Costa Oeste o donde sea que estén”.
La selección dirigida por Ernie Whitt terminó la fase de grupos con marca de 3-1 y una efectividad colectiva de 1.50, solo superada por la de Puerto Rico. Quantrill, Jordan Balazovic, Jameson Taillon, Logan Allen, Noah Skirrow y Michael Soroka sostuvieron un cuerpo de pitcheo que dominó cada encuentro. En ofensiva, Canadá produjo lo necesario: una línea de .244/.350/.363 y 21 carreras anotadas, con Abraham Toro y Denzel Clarke como motores principales.
Toro, nacido en Venezuela y criado en Montreal, fue directo al hablar del estigma que ha acompañado al béisbol canadiense. “No le pusimos atención a la gente que decía que no somos un país de béisbol”, afirmó. “Simplemente nos preocupamos por el juego y eso es lo que hicimos”. Su producción lo respalda: .467/.529/1.000, un jonrón y cinco empujadas. Clarke respondió con .500/.529/.929, un cuadrangular y cinco impulsadas.
Whitt reconoció que el equipo dejó demasiados corredores en base —35 en total— pero también subrayó que los batazos oportunos aparecieron cuando más se necesitaban. “Algunos jugadores clave han dado batazos importantes”, dijo el manager, consciente de que el margen de error se reduce en la siguiente fase.
El próximo desafío será monumental: Estados Unidos, un roster lleno de estrellas y favorito natural. El duelo se disputará el viernes en el Daikin Park de Houston, donde Canadá buscará extender un momento deportivo que ha capturado la atención del país. El contexto añade un matiz simbólico: hace apenas un mes, en los Juegos Olímpicos de Invierno, las selecciones estadounidenses de hockey derrotaron a las canadienses en ambas ramas por el oro, un golpe en el deporte nacional de Canadá.
Whitt no rehuyó la comparación. “Es increíble. Puede pasar cualquier cosa. Por eso juegas los partidos. Estaremos preparados”, afirmó.
Canadá llega con una mezcla de impulso, convicción y un pitcheo que ha respondido en cada turno. Ya no es el equipo que esperaba competir: es el que está compitiendo. Y ahora, ante Estados Unidos, buscará escribir la página más inesperada de su historia reciente.

