En medio de semanas marcadas por lesiones, ofensiva intermitente y el ruido constante alrededor de Juan Soto y Francisco Lindor, los Mets encontraron un respiro en el bate de otro de sus hombres de contrato pesado. Bo Bichette, quien había batallado para adaptarse en su primer mes con el equipo, entregó el jueves el batazo que puede cambiar el pulso de la temporada: un doblete de tres carreras en la octava entrada que encaminó a Nueva York a un triunfo 10‑8 sobre los Mellizos en el Citi Field.
El juego llegó al octavo capítulo empatado, luego de que Craig Kimbrel llenara las bases y el dominicano Huascar Brazobán permitiera un grand slam que borró la ventaja local. Pero los Mets respondieron con dos hits y un boleto que volvieron a llenar las almohadillas. Fue entonces cuando Bichette, con apenas nueve impulsadas en sus primeros 24 juegos, encontró un slider de Anthony Banda y lo envió entre los jardines izquierdo y central para limpiar las bases y devolverle el control a Nueva York.
La ofensiva ya había dado señales de vida antes, con un jonrón de tres carreras de Brett Baty que encendió al público y marcó el tono de un equipo que intenta dejar atrás una racha de 12 derrotas consecutivas. La victoria del jueves fue la segunda al hilo, un pequeño pero significativo paso para recuperar estabilidad.
El cierre quedó en manos de Devin Williams, quien navegó entre tráfico en el noveno episodio pero logró preservar la ventaja y asegurar un triunfo que se sintió como desahogo colectivo. En una alineación cargada de expectativas y contratos millonarios, Bichette entregó por fin el batazo que los Mets necesitaban para recordar que aún tienen margen para recomponer el rumbo.
En una temporada que comenzó cuesta arriba, Nueva York encontró un punto de inflexión en una noche donde su nuevo campocorto dejó claro que también puede cargar con el peso del momento.

