El documento publicado en El Economista sostiene que el Banco de México no está actuando bajo un esquema estricto de objetivos de inflación basados en pronósticos (IFT), pese a que sus comunicaciones oficiales utilizan ese lenguaje. La evidencia central proviene del comunicado del 26 de marzo de 2026, donde el banco reconoce un deterioro en los pronósticos de inflación —con ajustes al alza entre el primer y tercer trimestre de 2026 y un balance de riesgos con sesgo al alza— mientras decide reducir la tasa de referencia en 25 puntos base. Según el análisis, esta combinación revela que la Junta de Gobierno no está reaccionando de manera mecánica a la desviación del pronóstico respecto a la meta, como exigiría un IFT estricto.
El texto explica que Banxico opera bajo una versión flexible del esquema, en la que la convergencia hacia la meta de 3 por ciento sigue considerándose alcanzable en el mediano plazo, aun cuando el panorama inflacionario inmediato se deteriora. La decisión de recortar la tasa se interpreta como una ponderación donde la debilidad económica y la restricción monetaria acumulada pesaron más que el repunte en los pronósticos de inflación.
El análisis advierte que esta flexibilidad complica la comunicación institucional, pues el mandato constitucional del banco exige procurar la estabilidad del poder adquisitivo, definida desde 2003 como una inflación anual de 3 por ciento. La continuidad de recortes en un contexto de pronósticos al alza podría generar dudas sobre la credibilidad del compromiso con la meta.
El documento plantea que Banxico podría evitar ese desgaste mediante mayor transparencia: publicar pronósticos de inflación y brecha de producto bajo escenarios alternativos de trayectoria de tasas, acompañados de indicadores como la brecha cuadrática media. Esto permitiría demostrar que la decisión adoptada minimiza las desviaciones respecto a la meta frente a otras opciones, siguiendo prácticas aplicadas en bancos centrales como los de Noruega y Suecia.
En síntesis, el análisis concluye que Banxico opera bajo un IFT flexible, no estricto; que la reducción de tasas pese al deterioro inflacionario responde a una ponderación económica más amplia; y que la institución enfrenta el reto de sostener su credibilidad mediante una comunicación más robusta y comparativa de escenarios.

