El relato del operativo que terminó con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, no proviene de filtraciones ni versiones extraoficiales. Fue contado paso a paso por el propio secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, quien reconstruyó la secuencia como si se tratara de una operación quirúrgica narrada desde el centro de mando. Su voz, firme y sin adornos, dibuja una historia que mezcla inteligencia militar, persecución en la sierra y la reacción violenta de una estructura criminal que no cayó con su líder.
Trevilla recordó que la trayectoria criminal de Oseguera comenzó en los años noventa, cuando se integró a Los Valencia, también conocidos como Cártel del Milenio. Desde entonces, dijo, se convirtió en objetivo prioritario para México y Estados Unidos, que en 2016 lo incluyó en su lista de fugitivos más buscados y en 2024 elevó la recompensa por su captura a 15 millones de dólares.
“Seguimos su red de vínculos hasta que se dieron las condiciones para planear una operación de detención”, explicó el general. El 20 de febrero, la Inteligencia Militar Central detectó un movimiento clave: un hombre de confianza de una de las parejas sentimentales de Oseguera la trasladó a una instalación en Tapalpa, Jalisco. “Se obtuvo información de que El Mencho se mantuvo en ese lugar”, detalló Trevilla.
Con esa confirmación, el 21 de febrero se diseñó la operación final. Fuerzas Especiales del Ejército, la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional, seis helicópteros y aviones de apoyo formaron una fuerza operativa dividida en tres componentes: terrestre, aeromóvil y aéreo.
La noche del 22 de febrero, la presencia del capo fue corroborada. La Fuerza Terrestre avanzó hacia el inmueble. “Los escoltas recibieron a las Fuerzas Armadas con agresiones con armas de fuego”, narró el secretario.
El enfrentamiento dejó ocho delincuentes muertos y permitió asegurar armas largas, dos lanzacohetes —uno tipo RPG ruso y otro Blindicide—, vehículos y municiones. Dos militares resultaron heridos. “Fue perseguido entre la maleza por elementos de Fuerzas Especiales”, relató Trevilla. El Mencho y dos escoltas fueron heridos. Personal de Sanidad Militar ordenó su evacuación aérea, pero fallecieron en el trayecto.
La caída del líder detonó una respuesta inmediata. “Se realizaron bloqueos carreteros, quema de vehículos y agresiones a instalaciones militares en Jalisco, Nayarit, Michoacán, Puebla y Tamaulipas”, informó el general.
La inteligencia militar detectó además a Hugo “H”, alias El Tuli, operador financiero del capo, coordinando los ataques desde El Grullo, Jalisco. Ofrecía 20 mil pesos por cada militar asesinado. Fue abatido en un enfrentamiento posterior.
En su poder se aseguraron armas, 7.2 millones de pesos y 965 mil dólares. Para contener la violencia, la Sedena envió refuerzos: “Se totalizaron 2 mil 500 efectivos adicionales, además de los 7 mil ya desplegados en Jalisco”, precisó Trevilla.
El secretario envió su pésame a las familias de los militares caídos y cerró con una frase que resume la narrativa oficial: “El personal de las Fuerzas Armadas cumplió con su misión y se demostró la fortaleza del Estado mexicano”.
La versión de Trevilla no solo reconstruye un operativo; revela la dimensión del enemigo. El Mencho cayó, pero su estructura reaccionó con violencia coordinada en cinco estados. La operación fue exitosa, pero el propio relato del general deja claro que la red criminal sigue activa, con operadores, recursos y capacidad de fuego.

