Benji Gil tenía la mirada puesta en el Clásico Mundial de Béisbol, donde dirigirá nuevamente a la Selección Mexicana. Pero antes de enfundarse el uniforme tricolor, el manager vivió una semana que lo llevó al límite de la emoción y la estrategia. La noche del sábado, en el Estadio Panamericano de Guadalajara, protagonizó una de las finales más intensas y dramáticas en la historia de la Serie del Caribe, guiando a los Charros de Jalisco a un triunfo 12-11 en 10 entradas sobre los Tomateros de Culiacán, en un duelo sin precedentes entre equipos mexicanos.
El encuentro fue un vaivén constante. Los Charros arrancaron con una ofensiva desbordada: tres carreras en la primera entrada, cuatro en la segunda y dos más en la cuarta, castigando al abridor Wilmer Ríos y al relevista Odrisamer Despaigne para tomar ventaja de 9-1. Parecía una noche tranquila, pero la Serie del Caribe rara vez concede certezas. Culiacán respondió con un quinto inning de seis anotaciones que apretó el marcador 9-7 y devolvió la tensión al estadio.
El drama se intensificó en la séptima entrada, cuando ambos equipos intercambiaron carreras. Ya en la novena, con los Charros a dos outs del título, apareció Víctor Mendoza con su segundo cuadrangular del juego, un batazo de dos carreras ante Trevor Clifton que silenció a la afición y envió el duelo a entradas extras con un 10-10 que parecía escrito para la historia.
En la décima, Culiacán tomó la delantera con un elevado de sacrificio de Alí Solís. Pero la respuesta de Jalisco fue inmediata y caótica. Con la regla del corredor fantasma en juego, los Charros llenaron las bases con dos outs. El cerrador Lupe Chávez lanzó un wild pitch que empató el encuentro y, tras otorgar base por bolas a Mateo Gil, hijo de Benji, volvió a perder el control: otro lanzamiento descontrolado permitió que Michael Wielanski, Jugador Más Valioso de la serie, anotara la carrera del campeonato.
El estadio estalló. Era el primer título de Serie del Caribe para los Charros y el décimo para México. Para Benji Gil, significó romper una racha de cinco intentos fallidos como manager en el torneo, y hacerlo precisamente ante los Tomateros, equipo con el que ganó dos campeonatos como jugador y cuatro como dirigente en la Liga Mexicana del Pacífico.
La final fue un cierre perfecto para una edición vibrante del torneo, marcada por el dominio mexicano y por un desenlace que quedará grabado como uno de los más electrizantes en sus 68 años de historia. Ahora, Gil cambia de escenario y se prepara para dirigir a México en el Clásico Mundial, mientras la Serie del Caribe mira hacia 2027, cuando Hermosillo recibirá el torneo en el Estadio Fernando Valenzuela, con la expectativa del regreso de Venezuela como miembro permanente.
La noche en Guadalajara dejó claro que el béisbol mexicano vive un momento dorado, y que Benji Gil, una vez más, está en el centro de la escena.

